jueves, 25 de agosto de 2011

Tenía algo mas de tres euros para terminar un mes que debía haber acabado el día dos. Invertí uno y medio en montar en el autobús diciendo al conductor que iría a la parada mas cercana, no me gusta mentir, pero mentí. Y funcionó, intenté probar suerte y fui andando hasta el cajero mas cercano, intentaría sacar a crédito algo para bebérmelo, era el puto plan. Un vagabundo dormía en el cajero, tenía una manta y un carro y un cartón de buen vino barato, pasé, la tarjeta entró, apareció en la pantalla que soy un maldito moroso, el mensaje desapareció, y con él, mi tarjeta, bienvenido cliente, introduzca su tarjeta. Como en general soy idiota, recordé que tenía otra tarjeta del mismo banco, una de esas de "por si acaso". La metí, pantallazo, moroso, y la tarjeta desapareció. Tenia dos tarjetas menos y seguía siendo pobre. Y sobrio duele mas. Envidié al vagabundo, él tenía un cartón de vino, y yo lo puesto, unos pantalones viejos y una camiseta que a pesar de no ser mía me habia puesto dos días seguido, lamentable. Me esperaban al lado de una barra, pero no podía comprar nada allí, paré ante un kiosko, "tengo dos euros, ¿pueden ser al menos dos cervezas?" Lo fueron, cayeron, fui a la barra. Allí habia amigos de amigos, enemigos de amigos, y muchos desconocidos, el alcohol empezó a correr, y yo no podía pagarlo, pero para eso están los amigos, para darte veneno dulce, veneno con espuma, o veneno con hielo y en un vaso grande, por favor. Nadie se preocupaba de quien pagaba la ronda si el alma de la fiesta estaba allí, contando historias de un pasado ya deformado por los años, la fama, la gloria, y el cómo algo que no te hace sentir orgulloso, te hace sentir envidiado. Bebí, y fumé, y cerraron, y salimos. El mal camino es el mas sencillo de seguir zigzagueando entre las botellas vacías para encontrarlas llenas, y lo seguimos, recopilando recursos entre la hierba, empiezas buscando botellas cerradas, mas tarde, no importa que estén abiertas, mas tarde, no importa que sean vasos, mas tarde, no importa nada.

El sol quemaba mi cara y mi ropa estaba sucia, mi alma estaba sucia, corrí hacia el tren, me había bebido el dinero que me quedaba. Esperé, corrí, salté, corrí, subí, y partimos. Mis zapatos costaban menos que el billete, y estaban a punto de separarse de mis talones en cada paso, por suerte, el bajo del pantalón, pisado por mis suelas, los mantenía en mis pies. Pasos dignos, serios, leves, y cortos. Andaba lento viendo como el mundo arrancaba sin mí, y me gustó. Tenía las llaves de un piso en el bolsillo, acerté a abrir el portal, y acerté a abrir la casa, busque la cama, me tumbé, dejé caer los zapatos al suelo y encendí un cigarrillo liado con los restos de dos sobres de tabaco seco de hacía semanas, no tires nada, me dije, todo vale para algo si esperas lo suficiente... me dormí.

Me despertó una llamada, una risa, y una ilusión, que no tenía previstas estando aun el sol en el cielo. Viajé, te esperé, te encontré y miré tus ojitos cerrados... Yo no debía ver algo tan puro ese día, tan bello, tan emocionante... un ángel, uno que nunca me llamará Buho. Las lágrimas saltaron donde nadie pudo verlas, solo tu y yo, compartiremos y olvidaremos ese secreto con cariño. Miraste mis ojos y te miré y te ví y no lo entendías, y mejor que no entiendas nada ahora mi niña, por que no soy yo el que hablaba, ni seré el que escriba.

sábado, 20 de agosto de 2011

El viaje.

Con el sol bajo y en el crepúsculo me alejaré de mí; en un coche extraño que me lleve donde tenga que llegar. El equipaje será ligero y pesado, dejaré el lastre de los cumplidos y los aciertos, para no vivir con ellos, y llenaré la maleta de errores y de todas esas cosas que se supone que no sé, porque me callo. Habrá una carretera recta y larga con luces de neón a ambos lados, vendiendomelo todo y comprandome barato, cruces y luces de sombras a una luz cierta, y carretera recta. Recta y larga, interminable. Iré sólo pero no conduciré, solo hay un camino a la cuidad, y no es de doble sentido.
Alcanzaré tu realización fundiéndome en plástico allí, duro y brillante, fundido al fuego del calor de una cuidad de cera, de cristal y de plástico, y una cuidad de papel donde todos tienen el suyo. Un sitio que no te permite otra cosa que ser una zorra, o una máquina de consumo, un producto que mueve mas productos, y todo funciona, todo es perfecto. Me vestiré entonces con las mejore galas, y la mejor sonrisa, con las palabras encantadoras que siempre quisiste escuchar, de unos labios de plástico exactamente como los míos, y todo será perfecto, en la cuidad de papel. Disculparemos todo rezándole a un dios de madera, en la iglesia de madera, esperando nuestros ríos de leche y miel, y volveremos a la cuidad del pecado a olvidarnos de todo lo bueno y cambiarlo por todo lo que parece mejor. Y todo será perfecto. Y hablaré, hablaré horas y horas y horas de nada, sin nada que querer decir a una estatua de carne con hilos saliendo del cuerpo, y todo será como debe ser en la cuidad del papel. Y el deseo vendrá de la desidia, la pasión de la lógica y el amor no vendrá a vernos. Y estaremos perfectos, de punta en blanco, borrachos del licor negro de gasolina y humo, y todo será perfecto, sonreiremos, porque según parece, es lo que la cuidad de papel, espera de nosotros. Y no diré una palabra sincera, solo llevaré mi equipaje ligero y pesado, y volveré a donde vuelva, porque es, según parece, lo que se espera de mí.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Fundido al negro.

"El daño que nos persigue y duele, será siempre el que nosotros hagamos"


Bendiceme cuando pise cristales de vasos vacíos...
Cuando camine entre luces y sombras, demonios y vicio...
Cuando la sangre negra traiga la muerte a mi nido...
Cuando la lluvia borre los pasos de vuelta al camino...

Tu dame fuerzas madre... Para aguantar el viaje.
Tu dame fuerzas madre, para aguantar...

Apostaré el dinero que quede al caballo mas lento...
Reduciré a cenizas el rastro que deja el recuerdo...
Querré batir las alas tocando fondo en el suelo...
Y no saber de culpas, conciencias, el daño y el tiempo...

Pero.

Tu dame fuerzas madre, para aguantar el viaje....
Tu dame fuerzas madre, para aguantar el viaje....
Tu dame fuerzas madre...
para aguantar...

viernes, 22 de julio de 2011

La última cena.


Jack entró a casa despues de una larga noche de hospital. Llevaba una maleta rosa apagado, desgastada en las esquinas, no era su maleta. Subió las escaleras y llegó a aquel cuarto. Había papel pintado en las paredes y los muebles tenían el olor que siempre tuvieron. Jack había crecido con ese olor, era como el olor de las vitrinas del salón, donde guardaban la cristalería que nunca usaban, pero sin embargo cada tres o cuatros meses se limpiaba concienzudamente. Olía como el salón que nunca se abría, excepto para las visitas, todo olía a ella. Abrió cuidadosamente la maleta y comenzó a sacar su ropa, nunca le había parecido ropa bonita, ahora le parecía preciosa, todo olía a ella. Una casa enorme, donde generaciones habían jugado y crecido por sus enormes pasillos, los peldaños de las escaleras de madera vieja se habían llevado trocitos de las rodillas de los niños, tan bonitos recuerdos, recuerdos que ahora le atormentaban. Dobló la ropa en una esquina de la amplia cama, siempre perfectamente hecha, sin excepción, en esa casa siempre fue importante hacer bien la cama. Bajo la ropa en la maleta, descubrió unos paquetes de galletas saladas, los favoritos de ella, los había llevado para los ratos muertos cuando estuviese ingresada, todas estaban sin abrir. Sacó con los ojos encharcados los dulces y vió que debajo había un sobre, en el que ponía "Para Jack". Lo abrió, sacó un papel practicamente en blanco, solo había una frase escrita: "Sé un buen chico, te quiero". Jack rompió a llorar, por un querer que siempre estuvo allí, un amor incondicional y el mas puro que jamas pueda existir. Se lamentó por las veces que no fue ese buen chico, por los golpes que se buscó y las tiritas que ella siempre le puso, tiritas de todas las clases. Rezó. Él no creía, pero rezó, porque ella sí que rezaba. Dios, acógela y dale todo lo bueno que ella siempre quiso para mí. Jack cerró la maleta vacía y metió la ropa en el armario. Bajó a la cocina, preparar algo le distraería, pensó mientras abría la nevera. Y cómo no, ella lo había pensado ya todo. Tres minutos en el micro y tenía ante él una excelente cena, la última cena que se llevaría a la boca, hecha para él, igual que durante toda su vida, a su gusto, por su madre.

jueves, 9 de junio de 2011

Delaviuda, como el turrón.

El cigarro ahora duraba mas tiempo que antes. Llevaba unas semanas fumando tabaco de liar, sin probar el normal, reduciendo y reduciendo, menos gasto, mayor duración, menor placer, conciencia mas limpita, no falla. Todo lo que hacemos en general tiene mucho que ver con nuestra conciencia y nuestro orgullo, la conciencia te chilla una vez, la siguiente lo haces bien para que no chille de nuevo, al menos eso creo. El resfriado había pasado, pero la tos seguía conmigo, una tos que había pasado de molesta y seca a asfixiante y agobiante. Tosía con todo el cuerpo, tosía con el pecho, con los ojos, con la tripa, con las piernas, tosía con el corazón. Tosía con las tres muelas que aun me queda mas o menos sanas en la boca, tosía el alma llena de alquitrán y moco espeso, esputando males, el cuerpo es sabio.


De absoluto punto en poca, punta en blanco en la cocina,
con las manos en harina, se preparó el desayuno,
huevos fritos y patatas y caseras las tortitas,
sirope de chocolate y de postre el mejor puro,
salió tranquila a la calle, mirando el azul del cielo,
sus guantes de terciopelo hacían juego con el gorro,
entro despacio en el banco, tosió el olor del dinero,
sonrió mientras firmaba, sacó todos sus ahorros,
paseó viendo los corros de niños en el recreo,
a través del enrejado carcelario de colegios,
que necios, y que de precios, nada nunca vale tanto,
el canto de la sirena, metió en redil a los párbulos,
cruzó la calle prudente, entró a la peluquería,
las chicas se sonreían, se contaban el día a día,
se tiñó las pocas canas, se dió un pequeño masaje,
preparada en su viaje, cada vez tenía mas ganas,
y cruzó de vuelta a casa, dejó una buena propina,
siempre le gustó dejarla, pero a veces no podía,
y subió las escaleras con zapatos de tacón,
con la clase de una reina hasta el último escalón,
cerró la puerta con llave, no quiso ser molestada,
necesitaba su tiempo, hacer vida en su morada,
se retocó el maquillaje, uñas, ya no falta nada,
ilusionada y curiosa se dirigió a su terraza,
se quitó allí los zapatos, metió dentro su dinero,
se subió a la barandilla, y saltó desde un noveno.

Fin.

viernes, 15 de abril de 2011

Fábuhla

Aprendiendo a vivir solo en un mundo con tanta gente,
un niño a veces valiente, se encaminó a ningún sitio,
andaba por no pararse, a probar en cada ambiente,
sabiendo que aun rodeado, no lograba ver el sino,
pensando en que lo importante ya le importaba un comino,
lo vanal y vacuo siempre le pareció destructivo,
que bonitos tecnicismos para el débil de conciencia,
hacen la ley para ellos, y tendrán que arreglar cuentas,
pensó "camina o revienta", dale la vuelta y reinventa,
que gritos sonarán mudos, si dices palabras huecas,
cortaba las flores secas, para darles otra vida,
dependencia compasiva, pensaba con una mueca,
no le quedaban macetas, estaban llenas de flores,
de los mas bellos colores muertos y vivos que alegran,
para contarles las penas, tiritas a los dolores,
pensaba "no te demores", y sigue que todo llega,
y llegó la primavera, y con ella las orugas,
no eran nada las arrugas, medallas ante problemas,
ya vino la primavera, y se marcharon angustias,
las flores que estaban mustias, ahora brillan a decenas,
y el niño valiente a veces, descansaba sin quebrantos,
con otro punto de vista, las ve crecer desde abajo,
cuanto camino y trabajo, que prisas por hacer cosas,
los atajos solo quitan de andar de cerca de las rosas...

lunes, 11 de abril de 2011

Dadme una maldita tuba y seguro que le saco algo.


La sombra del ciprés era alargada,

La calada áspera y la boca amarga, una voz hablaba,

Y el olor a Verano se fue como una primavera en vano,

cien pájaros volando ya tuvieron mano,

y el sonido de unas teclas huecas era de piano,

el olor a mezcla de bautizo y funeral pagano,

desvanecíase meciendo un canto,

bailando con una oración casi canción al raso,

un saxofón en el ambiente sugerente bajo, y caja y al tajo,

y el don vólvió para quedarse sentado a su lado,

al menos durante un rato, mortales víveres, amparo,

de una noche de excesos, de procesos delicados,

haciendole el amor a un verso que se tersa al tacto,

las uñas en la espalda de una linea de arpa, e intacto,

ese diamante extravagante y vacuo,

bailaba por las manos tornándose refinado,

y unos labios, y un sueño profundo en el pecho,

hizo de aquel momento único, atemporal, mejor que el sexo...